bajó la mirada.
—Porque conozco a su abuela.
—¿De dónde?
Su respuesta me heló.
—De esta propiedad.
Fruncí el ceño.
—Elena nunca ha trabajado aquí.
Ramírez levantó los ojos.
—Sí trabajó.
—¿Cuándo?
—Hace veintisiete años.
Sentí un extraño vacío en el estómago.
Veintisiete años antes, aquel terreno pertenecía a mi padre.
Mucho antes de que existiera la torre.
—¿Qué hacía
Elena aquí?
Ramírez tardó demasiado en responder.
—Cuidaba a su madre.
Mi respiración se detuvo.
Mi madre había muerto cuando yo tenía dieciocho años.
O eso me habían dicho.
—Explícate.