por toda la escuela. Incluso el oficial que vino a hablar conmigo parecía incómodo cada vez que mencionaba el tema.
—Señora Valeria —me dijo una tarde sentado en mi cocina—, en situaciones así suelen perderse muchas cosas…
Lo miré fijamente.
—Mi hijo murió en la escuela. Su mochila no “se perdió”. Desapareció.
Y nadie tuvo el valor de contradecirme.
Un Día de la Madre vacío
La mañana del Día de la Madre me encontró sentada en el piso del living, abrazando la manta de