la mansión contaba con sistemas de vigilancia y personal dispuesto a reportar cualquier anomalía en las interacciones del servicio con los miembros de la familia. La comunicación interna estaba tan restringida que emitir una opinión crítica equivalía a un despido inmediato y a la pérdida de
referencias profesionales.
Romper este cerco informativo requería valentía, astucia y un dominio absoluto de los tiempos para evitar que el plan de rescate fuera neutralizado antes de tiempo.