que quizás otra persona ni siquiera lo habría sentido.
Pero una madre lo siente.
Yo lo sentí.
Y en aquel instante comprendí:
Quería vivir.
Lloré como nunca había llorado en mi vida.
Desde aquel día dejé de preguntarme por qué me había ocurrido aquello.
Empecé a preguntarme:
¿Qué tengo que hacer para que sobrevivan?
Más tarde, el mundo entero conoció nuestra historia.
La gente escribía:
Nacimiento milagroso.
Nueve bebés.
Un caso increíble.
Muchos se sorprendieron por el número.
Pero para mí, el milagro no era el número.
El milagro era