habían decidido no rendirse.
Hoy, cuando se escuchan nueve voces al mismo tiempo en nuestra casa, cuando uno ríe, otro llora, un tercero me llama y un cuarto está buscando algo, a veces simplemente me detengo y los observo.
La gente me dice:
—Eres una madre muy fuerte.
Pero yo conozco la verdad.
No me hice fuerte porque quisiera serlo.
Me hice fuerte porque nueve pequeñas vidas me eligieron.
Y cuando recuerdo aquel día, cuando todos estaban preparados para siete bebés pero luego se escuchó el noveno llanto en la