mi vida.
Desde aquel día dejé de preguntarme por qué me había ocurrido aquello.
Empecé a preguntarme:
¿Qué tengo que hacer para que sobrevivan?
Más tarde, el mundo entero conoció nuestra historia.
La gente escribía:
Nacimiento milagroso.
Nueve bebés.
Un caso increíble.
Muchos se sorprendieron por el número.
Pero para mí, el milagro no era el número.
El milagro era su respiración.
El milagro era que cada mañana el médico entraba y no pronunciaba la peor noticia.
El milagro era que nueve pequeños cuerpos, nacidos demasiado pronto y demasiado
débiles,