de Navidad y la ilusión destrozada
El reloj digital de mi mesita de noche marcaba las 5:30 de la mañana.
No había dormido ni un solo minuto. Yacía despierto
en la oscuridad, observando cómo las sombras danzaban en el techo, con la adrenalina vibrando en mis venas como un cable eléctrico de alto voltaje.
Me levanté de la cama y me acerqué a la pequeña Lily, despertándola suavemente. Ella gimió, frotándose los ojos soñolientos, confundida por la hora temprana.—Baja, cariño —le susurré suavemente, mientras le ponía un grueso