dinero terminábamos peleando. Tú llegabas cansado, con razón. Yo también estaba cansada. Y si te decía, ibas a querer usar ese dinero para descansar un poquito, para darte un gusto, para no sentirte menos que tus amigos. Preferí cargar con tu enojo. Preferí que me dijeras tacaña, exagerada, controladora… antes que vernos otros 10 años pagando renta.
Martín cerró los ojos. Le llegaron todos los recuerdos de golpe: la vez que le gritó por 20 pesos, la vez que se fue a dormir sin cenar para castigarla, las burlas