sentó en la silla más cercana. Maribel permaneció de pie, con el vestido rojo gastado y los ojos llenos de una tristeza que él nunca se había detenido a mirar.
—Hace 5 años vi ese terreno anunciado en una cartulina
pegada afuera de una tienda —explicó—. Estaba lejos, sí. No era una zona elegante. Pero costaba lo único que nosotros podíamos intentar pagar.
Martín se tapó la boca. —¿Por qué nunca me dijiste?
Maribel soltó una risa rota.
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—Porque cada vez que hablábamos de