y con evaluación mensual.
David palideció.
—¿Me está degradando?
—Le estoy dando una oportunidad que ayer usted no quiso darme a mí —dijo Arturo.
La frase hizo más daño que cualquier grito.
David apretó la mandíbula.
—Tengo 2 hijos. Una hipoteca. No puede convertir mi vida en una lección pública.
Arturo lo miró durante unos segundos.
—Por eso no lo estoy
dejando sin empleo. Su familia no tiene que pagar por su arrogancia. Pero tampoco puedo premiarla con un despacho