Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

PARTE 2

 

El registro no dejaba lugar a dudas: Arturo Valdés era fundador de Grupo Bancario Ibérico y conservaba el 60% de las acciones con derecho a voto.

 

Miguel sintió un escalofrío. Aquella visita no figuraba en ninguna agenda. En una nota interna aparecía un dato aún más inquietante: Arturo llevaba semanas recorriendo sucursales sin anunciarse para comprobar cómo trataban a clientes que no parecían rentables.

 

 

 

Miguel corrió hacia el despacho.

 

—David, tiene que ver esto.

 

El director ni miró la pantalla.

 

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