Me quedé dentro del auto durante casi veinte minutos. El motor estaba apagado. Las manos seguían apretando el volante. No podía aceptar que tres años de esfuerzo hubieran desaparecido en menos de cinco minutos. No por un error. No por una mala decisión profesional. Sino porque hice lo que cualquier persona debería haber hecho. Ayudar. Mi teléfono vibró. Pensé que era alguien del trabajo. Quizá un compañero. Quizá una disculpa. Quizá Nick había reconsiderado. Pero no. Era un mensaje de un número desconocido. “Sebastian, soy la mujer de la carretera. Necesito hablar contigo.” Me quedé mirando la pantalla. No sabía cómo había conseguido mi número. Antes de responder, llegó otro mensaje. “Sé lo que pasó en tu oficina.”

desempeño.

Y una copia de la presentación que había preparado para aquella mañana.

Sentí una presión en el pecho.

—¿Cómo consiguió esto?

Victoria miró hacia la ventana.

—Porque esa presentación no desapareció.

Pasé los dedos por la carpeta.

 

—Pero perdí la cuenta.

James negó.

—No exactamente.

Levanté la mirada.

—¿Qué significa eso?

Victoria respiró profundamente.

—Cuando desperté en el hospital, lo primero que hice fue preguntar quién me había ayudado.

Hizo una pausa.

—Cuando me dijeron que habías perdido una reunión importante por quedarte conmigo, intenté contactar a tu