Joaquín miró la alacena. Después miró a Brenda. Luego tomó su taza de café, se levantó y salió de la cocina sin decir una palabra.
Mi hermana se quedó mirando la puerta por donde se había ido.
—¿Y a este qué le pasa?
Cerré la puerta de la alacena que ella había dejado abierta.
—Tú. Tú le pasas.
Se rió. No con vergüenza, ni con culpa. Con esa risita incrédula de quien piensa que estás exagerando. Y en ese momento algo dentro de mí se rompió.
Cómo llegó Brenda a