PARTE 2: EL FUNERAL DE LA MUJER QUE NO MURIÓ

PARTE 2Mi tío Gerardo se quedó paralizado en el pasillo, como si la frase de Andrés hubiera golpeado una herida vieja.

 

—¿Qué dijiste? —preguntó.

 

Andrés ya no parecía el novio perfecto de las fotos. Tenía la camisa abierta, los ojos rojos y una sonrisa torcida.

 

—Pregúntele por el fideicomiso de doña Amalia —dijo—. Pregúntele por qué Valeria cree que su abuela solo le dejó recuerdos.

 

Sentí que el piso se movía.

 

—¿Qué fideicomiso?

 

Gerardo no respondió.

 

Ese silencio me dolió casi tanto como