una bolsa y el relicario de mi abuela sobre la mesa. Ahí estaba el plan: ensuciar mi nombre, hacer que cualquier defensa pareciera un ataque y usar mi dolor como prueba contra mí.
Algunos comentario
s ya me llamaban exagerada. Otros decían que pobre Andrés, que casarse con una mujer problemática debía ser una pesadilla.
—Si ellos ya contaron una mentira —dije—, yo voy a contar la verdad.
Esa tarde no salí sola. A mi lado estuvieron Ivonne y 3 mujeres que aparecían en