PARTE 2: EL FUNERAL DE LA MUJER QUE NO MURIÓ

una bolsa y el relicario de mi abuela sobre la mesa. Ahí estaba el plan: ensuciar mi nombre, hacer que cualquier defensa pareciera un ataque y usar mi dolor como prueba contra mí.

 

Algunos comentario

 

 

 

s ya me llamaban exagerada. Otros decían que pobre Andrés, que casarse con una mujer problemática debía ser una pesadilla.

 

—Si ellos ya contaron una mentira —dije—, yo voy a contar la verdad.

 

Esa tarde no salí sola. A mi lado estuvieron Ivonne y 3 mujeres que aparecían en