PARTE 2: EL FUNERAL DE LA MUJER QUE NO MURIÓ

no se juzga. Una madre siempre sabe cuando su hijo sufre.

 

Leí eso en la oficina de mi tío Gerardo, con el vestido de novia en una bolsa y el relicario de mi abuela sobre la mesa. Ahí estaba el plan: ensuciar mi nombre, hacer que cualquier defensa pareciera un ataque y usar mi dolor como prueba contra mí.

 

Algunos comentario

 

 

 

s ya me llamaban exagerada. Otros decían que pobre Andrés, que casarse con una mujer problemática debía ser una pesadilla.

 

—Si ellos ya