no se juzga. Una madre siempre sabe cuando su hijo sufre.
Leí eso en la oficina de mi tío Gerardo, con el vestido de novia en una bolsa y el relicario de mi abuela sobre la mesa. Ahí estaba el plan: ensuciar mi nombre, hacer que cualquier defensa pareciera un ataque y usar mi dolor como prueba contra mí.
Algunos comentario
s ya me llamaban exagerada. Otros decían que pobre Andrés, que casarse con una mujer problemática debía ser una pesadilla.
—Si ellos ya