carrera.
Valeria salió del edificio temblando.
Alejandro la esperaba afuera.
Había escuchado parte de la discusión.
Horas después, dentro del automóvil, Valeria se puso el ultrasonido en sus manos.
—Estoy embarazada.
Alejandro observó los tres pequeños sacos gestacionales.
—¿De cuánto tiempo?
—Nuevas semanas.
Su rostro se duró.
—Valeria… yo tengo azoospermia.
—Estuvimos juntos.
—Una vez. Y mi último estudio seguía siendo terrible.
Entonces apareció en sus ojos algo que Valeria nunca había visto: miedo convertido en desconfianza.
—¿Son de Mauricio?
La pregunta le dolió más que todos los insultos de