soportaba recibir malas noticias.
Dos días más tarde entregaron muestras para una prueba prenatal no invasiva de paternidad, realizada con sangre materna y ADN de Alejandro.
La espera resultó insoportable.
Valeria regresó a la Ciudad de México y se instaló temporalmente en casa de una compañera. No estaba dispuesta a volver con Alejandro solamente porque existía una posibilidad científica de que él fuera el padre.
Una cosa era demostrar la paternidad.
Otra muy distinta era reparar la confianza.
Alejandro comenzó a enviarle mensajes.
Sin excusas.
No súplicas.
Solo mensajes breves.