—Vine a pedirte perdón.
Valeria no respondió.
—Lo del manuscrito era imperdonable. Y todo lo que te dije también.
-Si.
Renata respiró profundamente.
—Mauricio me dijo que tú estabas obsesionada con él. Me aseguré que habías intentado arruinar nuestra boda.
—¿Y eso justificaba llamarme estéril?
Renata bajó los ojos.
-No.
Durante unos segundos solamente se escuchó el ruido de las
cucharitas contra las tazas.
—Me voy a separar de él —dijo Renata finalmente—. No por ti. Porque ya no sé qué partes de nuestra relación fueron reales y cuáles fueron