colega nueva comentó:
—Qué lástima que nunca pude eliminar esa marca.
Valeria sonríe.
—No es una lástima.
Pensó en Teresa, en Mauricio, en el falso diagnóstico, en aquella boda donde la llamaron tierra estéril y en los tres bebés que probablemente estaban en ese momento volviendo loco a Alejandro en casa.
Después miró nuevamente el ala dañada.
—Hay heridas que no necesitan desaparecer. A veces basta con que dejen de destruirte.
Aquella noche, cuando regresó, encontró a Rafael dormido en el sillón con uno de sus nietos sobre el pecho