al margen durante la llegada.
Ahora se acercó lo suficiente para tomar a Grace de la mano.
—Vamos —dijo con suavidad.
Evelyn asintió.
Pero antes de salir del jardín, Charles
volvió a hablar.
—Evelyn.
Ella se detuvo.
—Los doce millones que recibiste…
—No necesito devolverlos.
Charles frunció el ceño.
—No estaba diciendo eso.
—Entonces, ¿qué quieres?
Charles miró a los cuatro niños.
—Quiero saber por qué nunca nos buscaste.
Evelyn tardó unos segundos en contestar.
—Porque ustedes fueron muy claros la primera vez.
Nadie habló.
—Querían que desapareciera —continuó ella—.