se guarda con sacrificio se usa con propósito».
Me senté.
Por primera vez desde que salí del banco dejé de pensar solamente en recuperar el dinero.
Empecé a pensar en lo que mi abuela quería proteger.
No era una cantidad.
Era una oportunidad.
Ella había ahorrado para que yo terminara una carrera.
Para que pudiera sostenerme sola.
Para que mi
futuro no dependiera de la misma mujer que me había dejado cuando yo tenía cuatro años.
Ahí entendí por qué aquello dolía tanto.
Mi mamá no solo había tomado dinero.