casi todas aparecía aquel comprobante de mil dólares.
Mil cuando yo todavía estaba en la escuela.
Mil cuando empecé a trabajar.
Mil cuando le dije que quería estudiar enfermería.
Mil incluso en años en que yo sabía que ella había tenido que contar cada gasto.
Entonces encontré una tarjeta que había olvidado.
Era de uno de mis últimos cumpleaños antes de que su salud empeorara.
Adentro no había ninguna revelación espectacular.
Solo una frase que en su momento me pareció una de tantas cosas cariñosas que ella escribía.
«Lo que