para el resto.
No lo hizo porque de pronto comprendiera todo el daño.
Lo hizo porque ya no podía sostener que nadie sabía de dónde había salido el dinero.
Su esposo conocía ahora la verdad.
Sus hijas también.
Y yo tenía un registro claro de lo que mi abuela había depositado y de cuándo había desaparecido.
Una de mis medias
hermanas me escribió unos días después.
Me dijo que sentía vergüenza por las laptops.
Le respondí que no debía sentirla.
Ella no había vaciado la cuenta.
No sabía de dónde