una ladrona.
No incluía insultos.
No amenazaba con exhibirla en redes sociales.
Decía algo mucho más incómodo para ella.
Le pedía que me llamara para explicar, por escrito y con fechas, por qué había retirado un dinero que mi abuela había destinado durante años a mi futuro.
También decía que, a partir de ese momento, cualquier conversación sobre ese dinero tendría que quedar documentada.
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Eso era lo que la había alterado.
No podía reducir aquello a una pelea familiar privada y después contar una versión distinta.
«Estás tratando de