de ellas durante años.
La fecha del retiro.
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Y los mensajes que demostraban que, cuando mi abuela estaba enferma, mi mamá había rechazado ayudarme alegando que no tenía dinero disponible.
Nada más.
Una sola historia.
Una sola cuenta.
Una pregunta que ella todavía no quería contestar.
«No tenías derecho a mandar eso», dijo.
«Entonces dime qué derecho tenías tú para sacar el dinero».
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La línea quedó callada unos segundos.
Después escuché una puerta cerrarse de su lado.
Probablemente se había metido a algún espacio donde sus compañeros no