dos veces si Ana había dado señales de querer discutir la propiedad.
—Eso lo arreglo después —dijo Víctor.
—Me dijiste que estaba hecho.
—Dije que lo iba a hacer.
La diferencia no le gustó a Rita.
Víctor apoyó la cabeza contra el asiento.
Todavía creía que el problema más grande que lo esperaba era una esposa ofendida.
Al acercarse a la calle, empezó a notar movimiento frente a la propiedad.
Primero vio una sección ennegrecida.
Luego distinguió las ventanas sin vidrios.
Después apareció el hueco oscuro donde antes estaba una