después.
—Su esposa no vendrá.
Víctor frunció el ceño.
—¿Habló con ella?
—Se dejó el aviso en el número registrado.
No hubo más explicación.
Víctor llamó otra vez.
Ana dejó sonar el teléfono hasta que se apagó.
Entonces él hizo lo que todavía le resultaba más fácil que aceptar un rechazo: llamó a Rita.
Ella llegó poco después.
Víctor llevaba una bolsa con sus cosas, algunos documentos médicos y el anillo de Ana guardado en un bolsillo interior de su chamarra.
Durante el trayecto habló poco.
Rita, en cambio, preguntó