como Diego le repetía cuando discutían, ella exageraba todo.
Pero aquella noche escuchó otra versión.
Los documentos falsos habían sido enviados a propósito.
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No había sido un accidente.
Había sido otra prueba.
Otra mentira.
Otra forma de medir cuánto podía soportar antes de alejarse.
Valeria recordó entonces todas las veces que Diego había llamado «inseguridad» a lo que ella sentía.
Las veces que le dijo que era demasiado sensible.
Las discusiones en las que terminaba pidiéndole perdón aunque no supiera exactamente qué había hecho.
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Durante tres años había