a decir algo delante de un testigo.
Christopher palideció aún más.
—Cállate.
—No.
La joven dejó el delantal sobre la barra.
—Hace dos meses echaste a una mujer porque pidió compartir una mesa. La semana pasada le dijiste a un hombre que no podía sentarse si solo compraba agua.
Christopher abrió la boca.
—Eso no…
—Y ayer hiciste llorar a una señora porque su tarjeta fue rechazada.
El desconocido escuchaba en silencio.
Finalmente preguntó:
—¿Tienes pruebas?
La camarera asintió.
—Sí.
Sacó su teléfono.
—Hay cámaras en todo el local.
Christopher