se estaba moviendo.”
“¿Qué pasó?”
“No sé.”
“Estuviste allí.”
“Vine después.”
“¿Después de qué?”
“Richard me llamó.”
“¿Por qué?”
“Necesitaba el camión.”
“¿Qué camión?”
“La cama plana de papá.”
“¿Por qué?”
Otro silencio.
Entonces mi madre empezó a llorar.
No dramáticamente.
No ruidosamente.
La respiración entrecortada de alguien aterrorizado.
“Estaba en el suelo.”
“¿Tomás?”
“Sí.”
“¿Le dispararon?”
“No sé.”
“¿Había sangre?”
“Sí.”
“Unde?”
“Su cabeza.”
“¿Llamaste a una ambulancia?”
“Richard no me dejó.”
Todo mi cuerpo se quedó quieto.
En la cinta, la voz de la abuela se endureció.
“Tu