comprender por qué su madre la miraba con tanto odio. El techo blanco parecía moverse. Una luz le quemaba las pupilas y cada intento de respirar le clavaba algo afilado entre las costillas.
—No intentes levantarte —pidió la enfermera Elena Martínez—. Estás en el Hospital General de México. Sufriste un traumatismo grave.
Mariana tenía 27 años. Recordaba haber salido
de su despacho en la colonia Del Valle con una carpeta bajo el brazo. Después, solo había oscuridad.
— ¿Tuvo un accidente? —preguntó con la voz rota.