Hay llamadas telefónicas que cambian una vida para siempre. Para Margaret Hale, aquella llamada llegó un jueves por la mañana y destruyó en pocos segundos la realidad que había construido durante los últimos dos años.
Su hija Lucy había muerto a los 11 años. O, al menos, eso era lo que Margaret llevaba dos años creyendo.Organizar Fotos Familiares
Cada domingo visitaba la magnolia situada detrás de la iglesia del pueblo. Allí había colocado una pequeña placa con el nombre de su hija.
Nunca llevaba flores