Mi esposo nunca hablaba de su trabajo, así que pedí una cita con él y casi me desmayo cuando entré.

un instante, como si estuviera rezando.

 

Era como si su nombre fuera algo sagrado.

 

O algo a lo que le tenían miedo.

 

No sabría decir cuál.

Le atravesaba el lado izquierdo del pecho. Una línea larga, pálida y arrugada, abultada y brillante, que iba desde la mitad del esternón casi hasta la axila.

 

No había pezón. Solo piel lisa y plana donde debería haberlo. Como una página que alguien hubiera borrado.

 

Miré la siguiente fotografía en la pared. La que estaba justo al lado de