forma en que preguntaba.
Había visto cómo observaba a otros niños cuando sus papás llegaban por ellos.
Había notado que a veces dejaba de hacer preguntas justo después de que yo respondía: “No lo sé, mi amor”.
A la mañana siguiente encontré a mi nieto sentado frente a un plato de hot cakes.
Comió dos bocados antes de notar que yo apenas había tocado el café.
—¿Estás triste por mi mamá?
Me senté frente a él.
No podía seguir escondiendo todo.
Tampoco podía descargar diez años de secretos sobre un