primero en romper el silencio.
—Hola.
—Hola —respondió mi nieto.
Nada más.
Después mi nieto preguntó:
—¿Tú sabías que yo iba a nacer?
El hombre asintió.
—Sí.
—¿Querías que naciera?
Vi cómo aquella pregunta lo desarmaba.
—Sí. Muchísimo.
—¿Y por qué nunca me buscaste?
No culpó a su madre inmediatamente.
Eso me llamó la atención.
Primero miró al niño y respondió:
—Porque me dijeron que habías muerto. Yo lo creí. Debí haber hecho más preguntas, pero tenía diecinueve años, acababa de perder a tu mamá y pensé que no había