fue de enojo.
—Entonces dígame dónde estuvo.
Ella levantó los ojos hacia mí.
—Él no sabe que el niño sobrevivió.
Aquella frase me golpeó con más fuerza que la anterior.
—¿Cómo que no sabe?
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Mi nieto estaba cada vez más cerca.
La mujer habló deprisa.
—Le expliqué que algo había salido mal durante el parto. Le hice creer que los dos habían muerto.
La miré sin entender.
Después entendí demasiado.
—¿Usted le mintió?
No trató de defenderse.
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—Sí.
Mi nieto levantó una mano desde unos metros de distancia.