Mi nieto pensó un rato.
—¿Está arrepentida?
—Sí.
—¿Eso arregla todo?
—No.
—Entonces todavía no quiero verla.
—Está bien.
Meses después cambió de opinión.
La primera reunión fue corta.
Ella no pidió que la llamara abuela.
No pidió un abrazo.
No intentó explicar otra vez por qué había mentido.
Le dijo solamente:
—Hice algo que te quitó años con tu papá. No puedo devolvértelos. Si algún día quieres preguntarme algo, te voy a responder con la verdad.
Mi nieto asintió.
Después se fue a jugar.
No hubo perdón instantáneo.
Había