sensación de que debía insistir, de que algo estaba fuera de lugar. Pero no supe cómo. La puerta se cerró y quedé sola frente a esa casa silenciosa.
Los meses de la niebla
Las semanas siguientes fueron las peores de mi vida. Imprimimos cientos de volantes con la foto de Daniel y los pegamos en cada poste, cada café, cada supermercado. Publicamos en todos los grupos de Facebook del vecindario. Al principio la policía buscó con energía, revisando estaciones de autobús, hablando con conductores, recorriendo hospitales. Pero los meses pasaron