padres, ese tipo de cosas —me dijo el policía con un tono que quería ser amable pero que sonó a rutina.
—Daniel no es así —insistí—. Él es un chico sensible. Es de esos que piden disculpas cuando alguien lo empuja en la calle. Él no se iría sin decir nada.
El oficial asintió con esa sonrisa cansada que aprenden a poner los que han escuchado demasiadas historias. Levantó el reporte, pero yo pude ver en sus ojos que ya me había clasificado como una madre asustada que no conocía