realmente a su hijo. Lo que él no sabía, lo que yo tampoco sabía en ese momento, era hasta qué punto tenía razón sobre una parte de todo aquello.
Las cámaras y la chica silenciosa
A la mañana siguiente fui directo al colegio. La directora, una mujer mayor de mirada amable, aceptó mostrarme las grabaciones de las cámaras de seguridad de la entrada principal. Me senté en una oficina pequeña, con las manos sudando sobre las rodillas, mientras avanzaba la imagen granulada de la tarde anterior.
Vi grupos de adolescentes