a la luz.
Y yo también aprendí algo.
No todos merecen una segunda
oportunidad.
Pero algunas vidas sí merecen que dejemos nuestro orgullo a un lado para intentar salvarlas.
Operé a Ethan no porque su familia fuera poderosa.
No porque me ofrecieran millones.
Y mucho menos porque olvidara lo que me hicieron.
Lo operé porque, cuando finalmente estuvo sobre aquella mesa, ya no era “el heredero Walsh”.
Era simplemente un paciente.
Y esa noche mi deber no era decidir si su familia merecía mi ayuda.
Era decidir qué clase de