Parte 2: La casa que ya no podían quitarmekara

reconocí el tono: impaciencia.

Mauricio bajó la voz.

—Mamá, no hagas una tontería. Regresamos mañana y hablamos.

—No vas a hablarme en mi casa sin mi abogada presente.

Hubo silencio.

—¿Abogada?

—Sí.

—¿Vas a demandar a tu propio hijo?

Me dolió que esa fuera su primera preocupación.

No si estaba bien.

No si necesitaba algo.

No si su bofetada me había lastimado.

Solo el dinero.

—No —respondí—. Voy a protegerme de las decisiones que mi propio hijo tomó contra mí.

Colgué.

Teresa envió una carta formal a Mauricio y Verónica