Mi Hijo Donó Su Corazón a Una Joven Antes de Morir… Pero La Carta Que Me Dejó Reveló Un Secreto Que Nunca Imaginé

la mesa y, por primera vez desde su muerte, no le pregunté por qué había tenido que irse.

Solo dije:

—Lo estamos haciendo, hijo.

Pasaron tres años.

Lucía terminó sus estudios.

Viajó.

Volvió al mar.

Celebró cumpleaños.

Y un domingo me envió una fotografía desde el mismo parque donde había conocido a Caleb.

Estaba sentada en aquel banco.

Sonreía.

Debajo escribió:

“Hoy no me siento culpable por estar viva. Hoy simplemente estoy agradecida.”

Guardé aquella fotografía junto a la última carta de mi hijo.

Todavía extraño a Caleb todos los