los ojos rojos.
Se sentó entre nosotras.
—Papá escribió que estaba enfadado consigo mismo.
—Sí —respondió Chloe.
—Dice que debería haberme reconocido como su hija desde el principio.
Chloe bajó
la mirada.
—Los dos cometimos errores.
Nora permaneció en silencio.
Después tomó la mano de su madre.
—Estoy enfadada.
Chloe asintió.
—Tienes derecho.
—Pero no te odio.
Chloe comenzó a llorar.
—Gracias.
Nora miró hacia mí.
—Y también estoy enfadada con papá.
Aquello me sorprendió menos de lo que ella esperaba.
—También tienes derecho.
—¿No vas a defenderlo?
—No.
Nora