perfecto.
Solo un padre que había querido a su hija.
Miré a Nora.
Ella me miró a mí.
Y las dos sonreímos.
Aquella noche, cuando todos se marcharon, permanecí unos minutos sola en el porche.
Habían pasado tantos años que ya podía pensar en Julian sin regresar inmediatamente a aquella habitación de hospital.
Ahora recordaba otras cosas.
Su risa.
Sus bromas horribles.
Las tostadas quemadas que había mencionado en su carta.
La forma en que miraba a Nora en aquellos vídeos.
Saqué del bolsillo la primera fotografía que Chloe me