carta mucho más corta.
“Mamá:
Si estás en la casa amarilla, ya conoces a Nora como realmente quería que la conocieras.
Sé que probablemente estás enfadada conmigo.
Puedes estarlo.
Pero no desperdicies demasiado tiempo enfadándote con alguien que ya no puede discutir contigo. Sería muy injusto porque sabes perfectamente que yo habría ganado.”
Solté una carcajada entre lágrimas.
—Idiota —
murmuré.
Seguí leyendo.
“No quiero que esta casa se convierta en un monumento para mí. Quiero cumpleaños aquí. Quiero juguetes por el suelo. Quiero olor a comida los domingos. Quiero que