—Eso ya lo sé.
La besé en la frente y apagué la luz.
Al salir de la habitación, la pulsera de plata se deslizó por mi muñeca.
La J.
La N.
Y aquella pequeña palabra:
ABUELA.
Durante mucho tiempo pensé que la última decisión de Julian me había quitado a mi hijo.
Con el tiempo comprendí que ninguna historia era tan sencilla.
Su muerte había sido una tragedia que jamás intentaría convertir en algo hermoso.
Pero su vida sí había dejado algo hermoso detrás.
Una niña que llevaba sus ojos.