mi taza?
—Nada peligroso.
Aquella respuesta fue peor que una negación.
Saqué el teléfono.
—Voy a llamar a la policía.
Catherine perdió el color.
—Andrew, piensa bien. Sarah te acusará
a ti primero.
—Y tendrá razón.
Mi madre quedó en silencio.
Por primera vez comprendí que protegerme de las consecuencias era exactamente lo que me había convertido en aquel hombre.
Marqué.
Mientras esperaba, revisé los últimos mensajes del teléfono de Sarah.
Había uno enviado a las 2:08 de la madrugada.
A un contacto llamado “Dr. Bennett”.
“Logré salir. Estoy