Pero para mí significaba mucho más.
Era el lugar donde había aprendido que decir “no” no me convertía en una mala hija.
Me convertía en una madre que estaba dispuesta a proteger a su hija y a construir una vida propia.
Acaricié la cabeza de Lily y sonreí.
—Esta es nuestra casa, cariño.
Y esta vez, nadie iba a decidir por nosotras.